En qué quedamos, ¿está España orgullosa de la eólica o no?

02/07/2013

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Las medidas tomadas hasta la fecha por el Gobierno en materia energética han perjudicado casi en exclusiva a las energías renovables en general y a la eólica, como la más madura y desarrollada, en particular. Y los rumores sobre la reforma energética no dejan espacio para la tranquilidad, como tampoco lo hacen las declaraciones públicas. Mientras el secretario de Estado de Energía, Alberto Nadal, decía ayer que “la oportunidad de que España fuese un líder en renovables ha sido un fogonazo y un artificio, y ahora solo queda la deuda”, el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, presume del liderazgo mundial de las renovables en general y de la eólica, en particular, en el documento que va a emplear para atraer inversión española en el mundo. Mientras en España seguimos a lo nuestro, países con más visión toman posiciones y amenazan con arrebatarnos ese liderazgo el día menos pensado.

El periodista Baltasar Montaño escribía en Voz Pópuli hace unos días: “Los altos directivos españoles temen encontrarse con críticas en lugar de entusiasmo inversor cuando presenten al sector renovable como el más atractivo para invertir en España. ¿Cómo van a ir presumiendo el Gobierno, las empresas, los grandes bancos y el propio Consejo Empresarial de la Competitividad (CEC) en sus viajes internacionales de la fortaleza del sector de las energías renovables en España si este negocio ha sido estigmatizado por el Ministerio de Industria y Energía por ser uno de los principales responsables del déficit de tarifa eléctrico?”

Si la eólica ya es líder mundial, como destaca el documento Presencia de España. La empresa española en el mundo, y le queda muy poco para ser competitiva sin necesidad de incentivos, ¿por qué castigar al sector hasta tal punto que se ponga en riesgo su supervivencia? La reforma energética, que se espera para la primera quincena de julio, será la ocasión de demostrar la postura del Ejecutivo.

Mientras tanto, países con más visión que España toman posiciones.

24 de junio: Barack Obama anuncia un ambicioso proyecto para la reducción de gases de efecto invernadero y la apuesta por las renovables. Mediante ayuda financiera y facilidades para operar en suelo público, su objetivo es doblar la capacidad eólica y solar, de modo que en siete años un 20% del gasto energético del país proceda de fuentes renovables para hacer de Estados Unidos “un líder global en la lucha contra el cambio climático”. Añadió que en los últimos cuatro años ya “hemos doblado la electricidad que generamos desde la energía eólica y solar libres de emisiones. Y eso significa empleo, empleo para la fabricación de turbinas eólicas que ahora generan electricidad suficiente para abastecer 15 millones de hogares”.

1 de junio: China, Alemania, Dinamarca, Emiratos Árabes Unidos, Francia, India, Marruecos, Reino Unido, Tonga y Sudáfrica anunciaron una alianza para potenciar el desarrollo de las energías renovables tanto en sus economías como en todo el mundo. En su comunicado final, este club de estados recoge afirmaciones tan relevantes como la siguiente: “Acordamos continuar nuestro papel como impulsores de la agenda mundial para acelerar el desarrollo de las energías renovables y promocionarlas como un factor clave de crecimiento económico, prosperidad social y estabilidad medioambiental”.

14 de mayo: Los gobiernos francés y alemán ratificaron su apuesta estratégica por las energías limpias en una carta firmada por sus ministros y publicada en el diario francés Le Monde. Entre otras cosas afirmaban que “es importante permanecer en la vanguardia de la nueva ola de innovaciones de las tecnologías de la energía y del medio ambiente, mercados en los que el volumen se doblará en la próxima década”.

En todos estos planes y alianzas, ¿dónde está España, el segundo productor eólico europeo tras Alemania y cuarto del mundo?

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