Si algo caracteriza al sector eólico es, además de su carácter tecnológico e industrial, su capacidad de adaptación a las necesidades de cada país y cada sistema. Cada vez más frecuentemente, aparecen nuevas circunstancias o necesidades que dirigen esta evolución: una mejora tecnológica, nuevos servicios al sistema, cambios en los requisitos de operación, y a medida que la flota gana en edad, la decisión de mantener lo que ya existe o renovar instalaciones y reaprovechar o reciclar los componentes. Y cada uno de esos frentes trae consigo algo que no siempre se cuenta: empleo nuevo, perfiles que hace pocos años no existían y oportunidades que apenas empiezan a tomar forma.
Tomemos la repotenciación, por ejemplo. España tiene hoy 9,9 GW de aerogeneradores que cumplen 20 años de vida útil, y otros 3,4 GW que superan ya los 25. Sustituir esas turbinas antiguas por máquinas modernas pueden (de media) reducir el número de aerogeneradores de un parque hasta en un 90% y, al mismo tiempo, multiplicar su producción de energía (se han dado casos en los que ésta se duplica). No es solo una cuestión técnica: implica nuevos proyectos de ingeniería, montaje/desmontaje, logística, circularidad y operación que se repetirán, parque a parque, durante las próximas décadas.
Y lo que se desmonta no desaparece sin más. España podría desinstalar más de 20.000 palas en los próximos años, lo que tiene el potencial de impulsar una industria que prácticamente no existía hace una década: el reciclaje y la economía circular del sector. Empresas como Surus Inversa se encargan del desmantelamiento circular de los parques que llegan al final de su vida útil, dando salida a los componentes que todavía pueden reaprovecharse y alimentando con el resto a plantas como EnergyLoop, en Cortes (Navarra), que transforma las palas en fibra de vidrio reutilizable para la construcción, el automóvil o el textil, y que prevé generar un centenar de empleos directos e indirectos en la próxima década. Otras, como Ventos Metódicos, han llevado la idea todavía más lejos: convierten esas mismas palas en mobiliario de diseño que hoy se exporta a buena parte de Europa. Son trabajos que no existían cuando se instalaron los primeros parques, y que ahora resultan imprescindibles para cerrar el ciclo de vida de cada aerogenerador.
La inteligencia artificial añade otro frente, quizá el más transversal de todos. La Asociación Empresarial Eólica (AEE) ha puesto en marcha, junto al Instituto de Ingeniería del Conocimiento, el primer Laboratorio de Inteligencia Artificial aplicado a las energías renovables, con el objetivo de identificar casos de uso reales, en concreto del sector eólico,—desde el mantenimiento predictivo hasta la optimización de la producción— y elaborar un mapa sectorial que sirva de referencia para toda la industria. No se trata solo de automatizar procesos: se trata de generar demanda de analistas de datos, especialistas en sistemas predictivos y perfiles de digitalización que, hasta hace muy poco, no formaban parte del vocabulario habitual de un parque eólico.
Y luego está el mar. España no tiene todavía ni un solo megavatio de eólica marina instalado, pero el PNIEC fija un objetivo de 3 GW para 2030 y la Unión Europea ya lo ha declarado como una de las tecnologías clave para lograr la autonomía estratégica de Europa. El despliegue de la eólica marina flotante va a requerir perfiles que el mercado español ya conoce bien: ingeniería y construcción naval y civil, operadores de puertos, logística marítima… pero en las que es preciso incorporar muchos más profesionales. Una disciplina entera por construir, casi desde cero.
Según WindEurope, a lo largo del ciclo de vida de un parque eólico existen ya 235 perfiles profesionales distintos, y Europa necesitará pasar de 442.800 a 607.000 trabajadores en el sector antes de 2030. Ocho de cada diez de esos puestos no requieren un título universitario, sino formación profesional. El mensaje es claro: el sector no busca un único tipo de perfil, sino talento que sea capaz de dar respuesta a los nuevos desafíos que plantean los proyectos, la evolución tecnológica y el propio día a día de parques cada vez más tecnificados.
Por eso, quien hoy se pregunta si tiene sitio en la eólica probablemente se está haciendo la pregunta equivocada. La pregunta no es si hay sitio, sino en cuál de estos frentes —el que repotencia, el que recicla, el que programa, el que mira al mar— quiere dejar su huella.
Para dar respuesta a este escenario de crecimiento y transformación, AEE impulsa cursos y programas técnicos especializados en eólica terrestre y marina. Una formación diseñada por y para el sector, orientada a dotar a los profesionales de las competencias clave que demandan las empresas actuales. Explora las próximas convocatorias y encuentra el programa que mejor se adapta a tus metas en este enlace.
Blanca Gonzalo
Responsable de Formación
Asociación Empresarial Eólica

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