La electrificación de la economía, el desarrollo de las energías renovables y la descarbonización de la industria están impulsando un crecimiento de la demanda de las materias primas críticas.
Estos recursos minerales no son solo de especial relevancia económica si no esenciales para algunos sectores estratégicos como la energía o la defensa y cuya disponibilidad puede verse comprometida por factores geopolíticos, comerciales o de concentración de la producción, convirtiéndolos así, en un elemento fundamental para garantizar la seguridad energética y la competitividad industrial.
En el sector energético, las materias primas críticas son indispensables para numerosas tecnologías. El cobre tiene un uso transversal; el litio, el níquel, el cobalto, el manganeso o el grafito son necesarios para la fabricación de baterías. Por su parte, el silicio procesado, el galio o el bismuto son esenciales en la producción de paneles fotovoltaicos.
Si bien es cierto, que un aerogenerador es mucho menos dependiente de las materias primas críticas que un panel fotovoltaico o una batería; la energía eólica también depende de algunas de ellas, como el Manganeso —para la producción de acero aleado— o las tierras raras (Nd, Pr, Dy y Tb) —para producir imanes permanentes utilizados en la fabricación de algunos tipos de generadores—.
Existe cierta diversidad en el origen de la mayoría de las materias primas estratégicas. Sin embargo, el refinado y procesado de algunos de estos elementos están muy concentrados geográficamente y esto supone un riesgo elevado para las cadenas de suministro globales.
Por ejemplo, Chile es el mayor productor de Cobre del mundo, mientras que Sudáfrica lidera la producción de manganeso. Sin embargo, el país que domina el refinado de estos materiales es China, al igual que ocurre con el litio o el cobalto. En el caso de las tierras raras y el grafito —necesario para fabricar baterías—, China dispone de las mayores reservas y, además, domina la cadena de suministro de material refinado de estos materiales.
La Unión Europea se encuentra en una posición vulnerable debido a su significativa dependencia de las importaciones de materias primas críticas y de productos procesados. Con el objetivo de reducir esta dependencia, la UE ha impulsado la aprobación del Critical Raw Materials Act (CRMA), una estrategia destinada a la diversificar las cadenas de suministro y a reforzar la extracción, el procesado y el reciclaje dentro de la UE. Y, aunque el reglamento presenta algunas limitaciones, — como el establecimiento de una capacidad de extracción equivalente al 10 % de la demanda anual europea y una capacidad de procesado en el 40 %, así como la posibilidad de que el crecimiento de la demanda podría reducir el impacto relativo de las iniciativas de reciclaje -, constituye una herramienta fundamental para mitigar los riesgos de suministro y reducir la exposición de la Unión Europea.
No podemos olvidar que, pese a que la Unión Europea es una región con una elevada capacidad tecnológica e industrial, sigue siendo vulnerable debido a su dependencia de los combustibles fósiles. Por lo tanto, la transición energética es fundamental para la autonomía, seguridad e independencia de la UE. No obstante, para garantizar la seguridad actual y futura, es fundamental reforzar y salvaguardar la autonomía tecnológica e industrial de la UE, así como minimizar la exposición ante eventos geopolíticos que puedan conducir a disrupciones de la cadena de suministro.
Jorge Nevado
Responsable de Estudios y Proyectos
Asociación Empresarial Eólica (AEE)

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