La seguridad y estabilidad del sistema eléctrico es una tarea en la que todos los actores que participamos en él debemos aportar y la energía eólica está a la vanguardia en esta responsabilidad. El compromiso del sector eólico es firme tanto para que los parques existentes como para los de nueva instalación se integren de forma sólida.
La energía eólica es la principal tecnología de generación eléctrica de nuestro país, con una potencia instalada de 31.679 MW, lo que consolida a España como segundo país europeo por capacidad eólica acumulada y sexto a nivel mundial. Los más de 1.400 parques eólicos cubren el 24% de nuestra demanda eléctrica y están distribuidos en 868 municipios, un 11% del total de los municipios en España. Sus características intrínsecas de generación, con patrones de producción de electricidad distribuidos en el territorio, y con un funcionamiento progresivo y no al unísono en determinadas franjas horarias, han permitido su integración en el sistema sin incidencias durante los últimos 25 años, aportando energía durante todas las horas del día de forma predecible y sin sobresaltos.
La tecnología eólica es ampliamente conocida y aceptada. Está presente desde hace más de 25 años en nuestro mix, colaborando en los servicios necesarios para garantizar una seguridad de suministro y estabilidad del sistema, y adaptándose constantemente a los requisitos técnicos necesarios. La tecnología ha evolucionado mucho desde su origen. Una de las evoluciones más trascendentes surgió en 2018 con la aprobación de los nuevos códigos de red europeos y, desde entonces, la potencia eólica instalada cumple con unas capacidades en el control de los aerogeneradores que permiten maximizar su integración en los sistemas eléctricos sin comprometer su estabilidad. Por tanto, en la actualidad conviven diferentes evoluciones tecnológicas eólicas en nuestro sistema, sin que suponga reto tecnológico alguno.
Para la operación segura de cualquier sistema eléctrico – máxime en un sistema como el ibérico por su bajo nivel de interconexión- hay dos parámetros básicos, que deben ser gestionados de forma adecuada y meticulosa: la frecuencia y la tensión. Ambos son igualmente críticos, pero quizás la tensión ha cobrado mayor protagonismo en la actualidad tras el apagón de abril de este año. Es por tanto el control de la tensión – y específicamente el control en tiempo real – el reto que más esfuerzos está demandando .Todo esto se está plasmando en desarrollos normativos recientes, como hemos visto en el famoso Procedimiento de Operación (P.O.) 7.4, que marca el “qué” (seguimiento de consignas de tensión y/o en energía reactiva, pagos, penalizaciones), pero también en el futuro P.O.12.2 y las especificaciones técnicas de detalle, que definirán el “cómo” (criterios de validación/aceptación, monitorización del comportamiento esperado, etc.).
Y es que, con la implantación de esta normativa, la eólica aportará servicios al sistema adicionales a los que ya viene suministrando, que históricamente han venido proporcionando las tecnologías síncronas durante años, equiparándose por tanto a todas ellas en lo que se refiere a la garantía de seguridad y a la estabilidad de la red eléctrica.
Para poder proporcionar estas capacidades de control, las plantas renovables deben ser habilitadas por parte del operador del sistema mediante un conjunto de pruebas minuciosas y garantistas. Habrá centenares de instalaciones que se irán progresivamente habilitando, de diferentes tecnologías y tamaños, y en localizaciones diversas. Este proceso que ya está en marcha – aunque de forma natural no esté exento de ciertos ajustes y aunque lleve un tiempo – será todo un éxito. La eólica está preparada y avanzando en ello.
El objetivo que todos perseguimos es dar un salto de gigante en la forma de operar nuestra red eléctrica y cómo todos los actores integrantes del Sistema deben contribuir a su seguridad y estabilidad. Las renovables son las protagonistas en esta tarea según vayamos avanzando en la descarbonización del mix. La clave está en cómo pulimos ciertos detalles que deben dar certidumbre a los actores y minimizar el riesgo. De esta forma, se podrá conseguir un control de los parámetros del sistema eficaz y eficiente, con modelos de retribución y penalización que incentiven y no ahuyenten a las plantas a participar en estos servicios de manera sostenible.
Es cuestión de ir afinándolo paso a paso, en un trabajo en equipo y de mutua confianza, y con una coordinación adecuada entre todos los actores, incluyendo a los operadores de red de transporte y distribución, reguladores, productores de electricidad y actores de mercado.
El sector eólico está preparado para afrontar esta nueva etapa, con el firme objetivo de seguir siendo no sólo la principal fuente de generación del mix energético español, sino también un actor relevante para la estabilidad del sistema eléctrico, de forma responsable y aportando valor añadido en toda la cadena de valor.

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